La "Nueva Roma" en la ciudad de Martos (Jaén): Francisco del Castillo "El Mozo" y la fachada de la Antigua Cárcel y Cabildo (1577)
Si
visitamos la localidad giennense de Martos, podemos observar numerosas obras
arquitectónicas que se deben a una misma mano. Esta es la del reconocido
arquitecto Francisco del Castillo “El Mozo”, activo en Martos durante gran
parte del siglo XVI. Es el que, sin duda, renueva la estética local y crea un
auténtico compendio de edificios que suponen para la posteridad un emblema y
modelo a seguir en cuanto a la arquitectura de la localidad. Más concretamente,
nos vamos a referir a la fachada de la Cárcel y Cabildo, actual Ayuntamiento,
como ese modelo italianizante. Pero ¿quién fue Francisco del Castillo?
Francisco
del Castillo, conocido como “el Mozo” para diferenciarse de su padre, apodado
“el Viejo”, nace en Jaén en torno a 1528 en el seno de una familia de
arquitectos, dado que su padre, su primo y demás miembros de su prole eran
miembros del gremio. Teniendo a cuenta eso, podemos saber que, probablemente,
sus inicios en el arte de la cantería fueron a cargo de su padre, quien a los
17 años decide mandarlo a Italia.
Allí pudo trabajar en obras como la Villa Giulia romana bajo el mando de grandes artistas como Miguel Ángel, Vasari o Bartolomeo Ammanati; tal como define él en 1576: “nueve años de exercicio en Italia […] practicando con maestros habilísimos de aquella nación”, con lo que no solo pudo colaborar y aprender nociones de muchos de los grandes artistas del renacimiento italiano, e incluso del primer manierismo, sino que también recibió nociones de arqueologismo, así como una formación erudita y anticuaria, que después se verá reflejada en muchas de sus obras.
A
mediados de siglo se casa con una acaudalada dama de la villa de Martos, villa
descrita por Villalta como una de las ciudades más maravillosas de España, y
donde desarrolló gran parte de su obra, provocando en la localidad una notable
renovación estilística, ya que la ciudad se encontraba estancada en una
arquitectura y estilo propios del gótico fernandino (realizado tras la
reconquista).
Poseyó
en la villa grandes riquezas, así como cobraba grandes estipendios por las
obras que realizaba, entrando en notables ocasiones en pleito por impagos o retraso
de pagos por sus obras. Realizó también, además de muchas obras de nueva
planta, remodelaciones de muchos edificios anteriores, como la Parroquia de
Santa Marta, obra previa medieval que adaptó a los nuevos gustos renacentistas
y a la que dotó de un campanario de un gran gusto técnico a innovador.
Para
la ciudad de Jaén también hará muchas obras, como la Parroquia de San
Ildefonso, donde participa en parte de su fabrica y portadas, varias plazas y
pósitos, así como también trabajó en la provincia en obras como la parroquia de
San Bartolomé de Torredelcampo o la Parroquia de la Natividad de Jamilena, así
como lleva a cabo la renovación estilística de la ciudad de Andújar realizando
as iglesias de Santa María y San Miguel (siendo esta última considerada por
algunos autores como una atribución al maestro).
Su
momento cumbre llega al opositar a Maestro Mayor de la Catedral de Granada,
habiendo muerto Juan de Maeda, y a donde no pudo llegar a acceder por no
recibir suficientes votaciones por parte del Cabildo, siendo al año siguiente
cuando realiza la fachada que nos ocupa, la del Cabildo de Martos, y que le
consagró como arquitecto, catapultándose a la fama tras la realización de la
Real Chancillería de Granda, edificio de gran esplendor y por el que se es bien
considerado dentro del panorama artístico de la Andalucía oriental.
Tal
como hemos mencionado previamente, Francisco del Castillo viaja a Italia para
proseguir con su formación, y allí, aparte de conocer a grandes artistas, pudo
contemplar los tratados de arquitectura de grandes maestros del Renacimiento
italiano. Estos, obviamente, fueron una gran influencia para su obra, tanto por
su ingenio artístico como para su audacia a la hora de coger varias partes de
muchos de estos tratados para la realización de muchas de sus obras.
Para
ver esto, como hemos comentado, nos centramos en la fachada del actual
Ayuntamiento. Es una obra de 1577 que muestra muchas similitudes con algunas
láminas del Libro IV de Serlio. En esta además utiliza el orden dórico
reforzado con el rústico, otorgando gran fuerza a la obra. Así mismo hará en
otras piezas de alto calibre de su catálogo de obras.
Como
podemos ver en esta lámina, extraída del Libro IV de Serlio, en cuanto al
“Ornamento rústico”, podemos contemplar el notable parecido con la parte
central de la fachada, donde dos columnas de orden dórico que se ven adosadas
al muro, sosteniendo un entablamento, y sobre estas un frontón partido por un
gran óvalo, solución ya habitual en Italia, como podemos contemplar en obras
como las del maestro Alberti, artista del Quattrocento y que nuestro artista
pudo contemplar.
También
destaca, en cuanto al parecido con esta lámina, la disposición de las dovelas
superiores del dintel, dispuesta a modo de abanico y disponiendo en la central
un pequeño escudo, y donde incluso copia literalmente una especie de pequeño
elemento sustentante que dispone sobre las columnas y recortando el
entablamento que se encuentra bajo esta para limitarse solo al área que ocupa
la pieza. Pero lo más destacado es el modo en que se alargan los sillares que
componen el perímetro de la portada y parecen sobreponerse a la columna, como
si esta hubiese sido metida bajo estos, elemento muy característico de esta
portada y que se muestra realizado con gran maestría en la cantería y en el
tallado de la piedra.
Otra
muestra de esta influencia de la tratadística la encontramos en los pequeños
tondos laterales que se muestran sobre los grandes marcos que albergan textos
alusivos a la creación de la obra, a su patrocinador y al rey reinante del
momento, Felipe II, y que recibe influencia directa de la portada del libro de
Vignola, en concreto de la portada de la copia que se realiza para el propio
monarca, donde vemos dos ángeles sosteniendo un tondo con un escudo de armas.
Ese
mismo motivo repite nuestro artista en esta fachada, modificando las figuras de
los putti, o pequeños angelotes regordetes del grabado por personajes
aparentemente más mayores y con una serie de ropajes que, posiblemente, podrían
ser alegorías de algún tipo de valor del buen gobierno, o ser pequeños
caballeros pero, dado el mal estado de conservación de la fachada y de los
muchos desperfectos sufridos por los avatares de la historia y con el paso del
tiempo, no se pueden percibir de una manera correcta la verdadera significación
de estas piezas escultóricas.
El
escudo representado, en este caso, es el escudo de la ciudad de Martos,
representado con todos sus atributos, como son el acetre e hisopo, la cruz
calatrava, el dragón y el castillo, que también se ve representado sobre un
pequeño monte, semblanza de la Peña de Martos, elemento característico de la
localidad y que el propio Diego de Villalta describe en muchos de sus escritos,
todo sostenido por una pequeña cabeza que recuerda a muchos de los habituales
“putti” italianos.
También
el propio marco podría ser obtenido de alguna de estas láminas de estos tratados,
como el que se muestra en esta imagen, donde, además, incluimos parte del
estudio de una columna con su respectivo entablamento superior que también nos
recuerda a sobremanera a la columna adosada y parte superior de la parte
central de la puerta de entrada a este edificio, que también hemos analizado
previamente y que nos muestra, de nuevo, el virtuosismo del artista a la hora
de sintetizar estas piezas.
Dentro
del marco encontramos una de las inscripciones que se disponen, explicando que
este edifico se realiza durante el reinado de Felipe II, como la mayoría de
obras de la época (se conservan placas explicativas de muchas obras
inauguradas, se cree, por el propio Felipe II), y estando en el gobierno Don
Antonio de Padilla y Meneses, y explicándose en la homónima pieza del otro lado
de la portada el año de realización, 1577, y el uso de este edifico, como
“cárcel y lugar donde impartir justicia”, encontrando sobre esta, de nuevo, el
recurso de los personajessosteniendo el tondo, que esta vez nos pueden recordar
a los Hermes que utiliza en la portada de la Parroquia giennense de San
Ildefonso.
También
vemos un tondo donde aparece una A y un castillo sobre un monte, que puede ser
de nuevo una alusión a la Peña, o incluso al propio gobernante del Cabildo, ya
mencionado anteriormente, y sobre este un yelmo de caballero. Bajo ambos tondos
encontramos dos pequeñas ménsulas, que los sostienen como si de dos grandes
cuadros efímeros se trataran, y colgando de estos pequeños motivos de cintas y
grutescos, muy típicos elementos renacentistas que nos pueden recordar a
motivos cerámicos de la época o elementos propios de la pintura italiana del
Cinquecentto.
Volviendo,
esta vez, hacia una de las láminas de Vignola (en concreto en la página 40),
del que hemos contemplado la portada, y ahora contemplamos otro modelo de
portada, cuya disposición de las dovelas de la puerta, a modo de abanico,
también nos recuerda en cierto modo a la disposición de la portada, donde
cambia la pilastra adosada sobre la que se adelantan algunos de los sillares
que la componen por el virtuoso ejemplo de las columnas dóricas sobre las que
se superponen esos sillares que forman la portada que, en este caso, no es
adintelada y muestra una ménsula en la dovela central.
Este
modelo, además, incluye una serie de detalles, como los aletones laterales, que
no se incluyen en la obra de Castillo, al menos no en la que nos ocupa, por lo
que consideramos esta pieza como de leve importancia respecto al grabado
anterior. Volviendo a los Tratados de Serlio, en este caso el tercero,
contemplamos la semblanza con los ventanales laterales de edificio, sendos
arcos de medio punto intercalados por columnas jónicas que sostienen un
entablamento.
Vuelve
así a las influencias italianas del arco y dintel, tan propias de las obras
arquitectónicas esta vez del Quattrocento italiano, como por ejemplo la que se
sucede en varios de los palacios florentinos y que, en su estancia ya comentada
pudo ver. Así encontramos los ventanales actualmente, por desgracia muy
modificados en las distintas reformas que ha recibido el edificio a lo largo de
los siglos, y donde podemos contemplar el orden de dos tandas de ventanales
dispuestos uno sobre otro, al igual que en el grabado de Serlio, salvando
diferencias como la supresión del dintel y modificando los capiteles, que se
asemejan más al orden corintio, aunque también esto puede ser dado por el
desgaste de la piedra con el paso del tiempo.
Esta
parte de la fachada es la más afectada con el paso del tiempo dadas sus
restauraciones para la adecuación de nuevas salas del actual Ayuntamiento desde
finales de los años 90 del pasado siglo, donde se incluyeron los ya mencionados
ventanales y se adaptó la parte superior para convertirla en un pseudo-balcón
con rejas de metal. El frontón también lo podemos contemplar con semblanzas a
algunos, como el que hemos escogido, dentro de las láminas de Vignola.
Destaca también por mostrar una cornisa
bastante prominente, hecho que se repite también en esta portada, con la
salvedad de que se prolonga en el círculo que queda inscrito, elemento novedoso
del artista y que podremos contemplar posteriormente en obras del barroco italiano
como las de Bernini o Borromini. Volviendo al caso que nos ocupa, encontramos
un enorme círculo que se circunscribe dentro del frontón triangular y que
alberga un enorme tondo con un escudo, probablemente el de la ciudad, que no
podemos analizar a fondo dado su mal estado de conservación, y sobre la parte
superior una corona de tipo condal que timbra el círculo.
A
los lados incluye, como hará en otras obras de su factura, dos alegorías,
actualmente desprovistas de cabeza por algunas actuaciones de tipo vandálico
realizadas en algunas épocas de convulsión de nuestra historia, y que
representan a la justicia, que sostiene una balanza y que se muestra de gran
virtuosismo en el tratamiento de los paños que componen su ropa.
Como
característica, porta en su pecho la cruz calatrava, orden que llevaba el
control de la localidad y de los terrenos colindantes hasta 1875 y que
posiblemente en la época llevara a cabo la justicia, por lo que se ve también
representada. En la derecha encontramos otra virtud, por ahora difícil de
descifrar, dado que no se conocen sus atributos, y que podría ser también un
atributo del buen gobierno. Su disposición puede recordarnos a las alegorías
mitológicas que incluye Miguel Ángel en las tumbas de los Médici en la iglesia
florentina de San Lorenzo.
Este
hecho pudo darse por el contacto de nuestro artista con el mencionado genio
florentino durante su trabajo en la Villa Giulia. Encontramos a ambas figuras
recostadas sobre ambos lados del frontón, tal como se disponen en el mencionado
monumento funerario. Esta misma influencia también puede verse, quizá a mayor manera,
en los tondos laterales, en especial en el derecho, dado que reproduce formas
que recuerdan incluso a las ménsulas sobre las que se apoyan las figuras de
Miguel Ángel, y se muestran en desnudo, este más tosco que las figuras del
artista florentino, pudiendo considerar también esta pieza como un hecho
influyente para la obra de Francisco del Castillo.
Tal
como describimos anteriormente, esto es solo una mera hipótesis, dado el mal
estado de conservación de las piezas. A continuación, y extraídos de ambos
tratados, encontramos más modelos de arcos, puertas y ventanales que nos pueden
recordar a esta singular pieza arquitectónica y que comparten piezas y modelos
que nos han servido de ayuda asimismo para poder realizar este estudio.
Todas
contemplan la misma disposición: el uso del dórico en las columnas o pilastras
adosadas al muro, sin contemplar aún el orden gigante, dovelas del arco en
forma de abanico con una destacada dovela central, y mostrando, en el caso de
ser columnas, extensas dovelas que se superponen sobre estas, o en el caso de
ser pilastras, algunos de los bloques que la forman sobresalen sobre otros.
También se mantiene un bloque inferior que eleva el conjunto, otorgándole así
altura, y manteniéndose en muchos el dintel de la portada. En algunos, como
este, se contemplan incluso pequeños vanos que nos pueden llegar incluso a
recordar la disposición de los marcos vistos anteriormente.
Después
de contemplar la fachada delantera y sus similitudes con la tratadística
italiana merece también la pena contemplar la fachada lateral y su gusto por lo
arqueológico y el afán por recordar el pasado glorioso de la Tucci romana, la
urbe de época romana que se encontró en la localidad de Martos, de la que aún
quedaban grandes restos, no sólo de la época, sino de etapas anteriores como la
íbera, de las que en e siglo XVI se conservaban gran cantidad de lápidas y
monolitos que se guardaban en un almacén del antiguo Cabildo.
A
la hora de articular la fachada, Francisco del Castillo decide, influenciado
por ese gusto por la antigüedad adquirido en Roma, dar un homenaje a ese pasado
de la ciudad incluyendo, minuciosamente, en la fachada lateral (especialmente)
y delantera de este edificio. Cada losa, todas de piedra, eran de formas y
etapas distintas, por lo que hubo, previamente, un enorme trabajo de clasificación
y preparación para su posterior disposición en estas paredes.
Según
Villalta, y tal como describe en muchos de sus escritos, podría haber “más de
80” lápidas e inscripciones de distinta índole, y que algunas correspondían a
gente de gran rango, según se pudo obtener en el estudio de estas lápidas por
algunos estudiosos del momento. Es por eso que es digna de contemplar la
fachada lateral del edificio, que da acceso a la calle llamada Real de San
Fernando, y donde se encuentra un mayor número de lápidas e inscripciones.
Tal como hemos mencionado anteriormente, se
muestran de varios tamaños y formas, incluyendo incluso algunas que son
columnas ovaladas. Desgraciadamente, muchas de estas inscripciones, dado el
paso del tiempo y el transitar continuo de vehículos por esa calle, se
encuentran muy dañadas y al borde de la pérdida completa, siendo muchas ya un
mero recuerdo. Asimismo encontramos algunas inscripciones de tono
arqueologizante a modo de friso sobre la portada de entrada al edificio y que
recorren toda la parte superior bajo un moldurón que los cierra por la pare
superior, bajo otro escudo heráldico de la ciudad.





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