Zabaleta y la pintura de posguerra: el "Niño con pollo"


Figura 1: "Niño con pollo", obra de Rafael Zabaleta fuentes. Fotografía: Museo Reina Sofía.

Hemos de conocer, primero, el contexto en que se encuentra la obra que nos ocupa. Según expone María Dolores Jiménez Blanco, “el período entre 1939 y 1953 fue, sin duda, un tiempo marcado por el miedo y el silencio, pero ni siquiera las dificultades ideológicas o materiales lo redujeron a un desierto”. Tampoco consiguieron aislarlo ni del exterior ni del pasado”.

Nos encontramos en los años posteriores a la Guerra Civil Española (1936-1939) y, como expone el doctor Lorente Hernández, nos encontramos en una época en la que el arte va supeditado al poder y que, como él denomina podemos distinguir como “Arte Franquista”, no por ser una nueva corriente artística, sino por estar bajo el yugo del gobierno dictatorial y que se ceñía a una serie de formas y órdenes que no permitían todo tipo de artes.

Asimismo, era un arte laudatorio, donde se buscaba exaltar los valores del nacionalsocialismo del propio gobierno dictatorial y su victoria sobre las hordas republicanas, que se distinguirá de lo que el autor mencionado denomina como “Arte bajo el yugo del franquismo”, que es un arte ya desarrollado y donde se empiezan a permitir el representar ciertos tópicos y algunos repertorios visuales diferentes a lo que se había dado en esa primera etapa.

Es esto lo que hará que se frene el progreso vanguardista en España que ya había estado forjándose en décadas anteriores con grandes artistas y literatos como fueron los de la Generación del 27 o pintores como Picasso o Gaudí, quienes ya habían aportado modelos renovadores a todas las artes y que ahora se encontraban en el exilio o habían perecido en la contienda civil, como fue el caso del poeta granadino Federico García Lorca. Se produce una censura plástica en todas las artes y en todos los ámbitos que el régimen consideró necesario.

Hemos mencionado el exilio de los grandes pintores, pero muchos fueron los que se quedaron en España trabajando en esta época. Estos se localizan aislados en diversas partes del orbe español y mantenían el espíritu de la vanguardia buscando una renovación estética. Así, por ejemplo, encontramos a José Gutiérrez Solana, quien busca representar el momento que está viviendo, acercándose casi sin quererlo al realismo con colores grises y cielos oscurecidos donde el sol está escondido para expresar el ambiente angustioso y desolado que está viviendo la España de la posguerra.

También vemos la Tercera Escuela de Madrid, preocupada por el paisaje, la que produce una renovación artística y cuya característica común es su gran realismo, el profundo expresionismo y la sobriedad cromática. Así vemos a autores como Alberto Sánchez y Benjamín Palencia, mostrando este último el desgarro de una España que está sumida en el dolor en sus paisajes castellanos y sobrios en una línea libre que desdibuja la obra.

También otros como Zuloaga, Zabaleta (que desarrollaremos a continuación) y Ortega Muñoz. Así encontramos, también, la otra cara del arte de esta época, con el renovador concepto catalán que se muestra en un concepto renovador con el Grupo Dau al Set, con obras que evolucionarán de un concepto mágico o surrealista a la no-figuración y que contaron con grandes artistas como Antonio Tapies o Modest Cuixart; y El Paso, que surge en Madrid, cuyo punto de partida estético es el gestualismo abstracto o pintura de acción, con artistas como Antonio Saura, Luis Feito o Rafael Canogar y que creían que el arte podría progresar en base a la experimentación, asemejándose en sus obras al “actionpainting” americano.


Figura 2: el "Zagal y la liebre" como muestra de la conceptualización del "Niño con pollo". 
Fotografía: Asociación Amigos de Zabaleta. 

Contemplamos ahora la obra que nos ocupa, realizada al óleo sobre lienzo de 92 centímetros de altura por 73 centímetros de altura, realizada en el año 1944 y que actualmente se encuentra en el Museo Reina Sofía de Madrid, llegando a depósito de este en 1988 procedente de la ordenación de fondos del Museo Español de Arte Contemporáneo, MEAC. Es curioso que no se contempla esta obra entre su relación autógrafa, por lo que posiblemente es un cuadro que el artista realice para su propio disfrute y que sería expuesto en alguna muestra de la época.

Pertenece esta pieza al tiempo en que acaba de salir de su arresto domiciliario en Quesada, y donde nos presenta a un campesino, de edad joven (dentro de esas series que realiza el artista), que se nos muestra vestido con la ropa de labriego bajo un parral, típico en la zona de la sierra giennense, en especial en los patios y terrazas a modo de descanso, junto a una mesa donde se muestran elementos típicos de la zona como el anís y una cesta llena de ciruelas, lo que nos remite a que representa un paisaje de tipo estival (a lo que hay que añadir los tonos amarillos del paisaje que aluden a la hierba seca y el tono plateado de las hojas de olivo donde se ven las primeras germinaciones de la aceituna, hecho que ocurre en torno a los meses de julio y agosto).

Se pueden considerar como una especie de bodegón, a la usanza barroca de disponer una serie de objetos con un tinte anecdótico en un lateral de la pieza sobre una mesa. Destaca asimismo la representación de las facciones del niño, más realistas de lo que acostumbra en sus otras obras, como podemos ver en “Campesino” (Figura 6) que es mucho más esquemática o en “Romería de Tíscar” donde se ven rostros con unos tonos rojizos muy intensos que nos recuerdan a obras de Cézanne o Gauguin.

En este caso vemos un niño con la tez morena y pecas, posiblemente por el influjo del sol a la hora de trabajar en las labores del campo. No muestra dolor, ni una expresión propia de un sentimiento melancólico ni alegre, sino que, al igual que los muchos campesinos que retrata Zabaleta, es inexpresivo sin afán de mostrar una denuncia, protesta o acusación que sí inspiraba a gran número de las obras expresionistas10 en un rostro que, como hemos mencionado, se diferencia de ese expresionismo y pseudo-cubismo casi picassiano.

Nos recuerda más a algunas de sus primeras obras en cuanto a sus facciones como puede ser la obra “Arlequín y Pierrot”, donde esboza los rostros con una serie de líneas fundamentales que componen el rostro en base a varios claroscuros. Vemos un intento de crear una perspectiva en un fondo plano, al estilo de la estampa japonesa que tanto se prodiga en la pintura del siglo XIX, en una pincelada desenfadada y suelta casi en un atisbo impresionista donde busca captar la luz del sol incidiendo sobre el paisaje serrano de Quesada con sus vastos campos de olivar y sus plateadas ramas de olivo que deslumbran en el conjunto entre el amarillo del matojo seco que crece en torno a estos.

Zabaleta, pintor de gran renombre, fue en inicio denostado, como él mismo decía, por “pintar personas y objetos” en una época en que los altos cargos solicitaban obras sumamente abstractas para buscar un intento de renovación que él mismo, años atrás, ya había conseguido y por el que había tenido que luchar en numerosas ocasiones.

Junto a muchos artistas de su época serán los auténticos renovadores del arte contemporáneo español de posguerra, introduciendo, en el caso de nuestro artista, formas que venían de la vanguardia francesa como son los colores de Gauguin o Cézanne y ese expresionismo realista español que empieza con Goya siguiendo por Solana y que encuentra un punto álgido en la obra del artista.

Esta obra, en especial en Jaén y en su Quesada natal, tendrán una enorme repercusión (en su ciudad ya lo tenía en vida, y se acrecentará con su muerte), hecho que se demuestra con la creación del Museo Zabaleta y de la Asociación “Amigos de Rafael Zabaleta”, que realizan una labor incansable en la difusión y el estudio de la obra del artista y su vida.

Esto también se vio enfatizado por la celebración, en el año 2007, del centenario de su nacimiento, realizándose exposiciones, congresos y numerosas publicaciones. En cuanto a publicaciones, merece destacar la Revista “Sueños de Quesada” que desde hace varios años expone su obra y explica su relación con el gran elenco de artistas que tuvo en vida, así como la labor del Excelentísimo Ayuntamiento de Quesada dado que desde hace varios años escogen cuadros de la obra de Zabaleta para el anuncio de sus Fiestas.

 


Figura 3: Una pintura de Zabaleta, protagonista del Cartel de las Fiestas de Quesada en 2013. Fotografía: Ayuntamiento de Quesada.

BIBLIOGRAFÍA:

-       JIMÉNEZ BLANCO, Mª Dolores: “Campo Cerrado. Arte y poder en la posguerra española. 1939-1953” (Dossier), Madrid, 2016

-       LLORENTE HERNÁNDEZ, Ángel: “Arte e ideología en la España de la postguerra (1939—1951)”, UCM, 2000

-       RUIZ RODRÍGUEZ, Arturo: “Zabaleta, el pintor que no conoció Porcuna” en Boletín de Estudios Giennenses, nº 204, 2011, pp. 305-320

-       VIRIBAY ABAD, Miguel: “La obra del Pintor Zabaleta, en el centenario de su nacimiento” en Elucidario: Seminario bio-bibliográfico Manuel Caballero Venzalá, Nº. 5, 2008, pp. 41-50

-       VIRIBAY ABAD, Miguel: “Zabaleta, el universo agrario en lenguaje surrealista”, en Andalucía en la Historia, Año V, nº 18, Noviembre de 2007, pp. 82-87

-       https://www.arteespana.com/posguerra.htm - Consulta el 5 de septiembre

-       http://www.zabaletafundacion.org/index.php - Consulta el 5 de septiembre

-       http://www.zabaletafundacion.org/etapasartisticas.html - Consulta el 5 de septiembre

-       https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/nino-pollo - Consulta el 5 de septiembre

-       http://www.zabaletafundacion.org/lapintura.html - Consulta el 5 de septiembre  

-       http://www.zabaletafundacion.org/seriestematicas.html - Consulta el 5 de septiembre  

-       www.amigosderafaelzabaleta.es – Consulta el 5 de septiembre

 

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