La dolorosa granadina en la Sierra Sur de Jaén: La Virgen de la Soledad de Alcaudete (Jaén)
Figura 1: María Santísima de la Soledad de Alcaudete (Jaén). Fotografía: Archivo del Autor.
La
Exposición “Ad Caeli Regina”, que ha tenido lugar en la localidad giennense de
Alcaudete del 4 al 12 de diciembre, nos ha brindado la oportunidad de
contemplar bellas obras de arte escultóricas, pictóricas, suntuarias y textiles
de las Cofradías alcaudenses. Piezas que, gracias al devenir del tiempo, han
sido conservadas en el contexto patrimonial local y que enriquecen, más si cabe,
el panorama artístico de la Sierra Sur de Jaén.
En
concreto, vamos a hablar de un ejemplo del canon escultórico de la dolorosa
granadina que encontramos en la localidad: la imagen de Nuestra Señora de la
Soledad. Obra de candelero, realizada para ser vestida, se muestra a nosotros
como un simulacro doliente de María Santísima. Torciendo su cabeza hacia la
diestra, posee manos entrelazadas que acentúan su dolor. Sus ojos rasgados marcan,
más aún, ese sentimiento de dolor en ese gusto de expresar de manera
hiperbólica el dolor de la escultura granadina.
Pertenece
esta a la Real Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores y Santísima Virgen de
la Soledad. Según consta, fue fundada esta en 1922 por un grupo de cofrades que
rinden culto a los Dolores de María. Se incluiría la imagen de la Soledad en los
años cuarenta del siglo XX, tal como indican las actas de la Agrupación de
Cofradías de 1947: “El Sr. Presidente ofrece a los representantes de la
Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores la plena y total propiedad de la
imagen de Nuestra Señora la Santísima Virgen de la Soledad, invitando a todos
los señores representantes de las demás Cofradías para que también hagan la
cesión de todos los derechos que sobre ella pudieran tener hasta el día de hoy,
al objeto de que siendo una sola la Cofradía encargada del culto y procesión de
referida Imagen le dé, el esplendor que ello requiere”.
Al
igual que se podía observar en la información proporcionada en la Exposición, podemos
adscribir a esta imagen al círculo de Diego de Mora (1658-1729). Verdaderamente,
encontramos atribuida por Isaac Palomino a la Virgen de los Dolores. Esta guarda
enorme parecido con otras imágenes de María atribuidas al artista como la
dolorosa de la Amargura de Granada o la dolorosa de la Parroquia de Béznar (Granada).
Su mirada baja y sus labios cerrados, en actitud doliente, son la nota
predominante que vemos en estas dolorosas.
Sin
embargo, la dolorosa de la Soledad no se adscribe totalmente a ese canon. Sus ojos,
rasgados, se presentan más abiertos. Recuerdan, en cierto modo, a algunas obras
adscritas a su hermano José como es la Magdalena penitente de la Parroquia de
Santa María Magdalena de Granada, que presenta esa misma apertura de ojos tan
expresiva. A pesar de ello, encontramos enorme parecido con otras imágenes que
se atribuyen a Diego de Mora y que nos hacen seguir indagando en esta
atribución.
En primer lugar, encontramos la imagen de San Juan de Dios, de pequeño formato, que se encuentra en el antecamarín de la Basílica granadina de San Juan de Dios. Palomino la adscribe a la mano de Diego de Mora, al igual que Gallego y Burín, quien la expone como una de las primeras obras del artista. Vemos en su rostro, especialmente, ese rasgo de los ojos rasgados para acentuar el dolor que sufre. Asimismo, encontramos similitudes en el arqueado de las cejas, diferenciando sus rostros en el tratamiento de la boca – dado que la dolorosa la mantiene cerrada. Se considera una obra de madurez, lo que nos podría inducir a que nuestra dolorosa también lo fuera.
Por
otro lado, encontramos también gran parecido con la imagen de San Francisco Solano
que recibe culto en la Iglesia de San Francisco de Priego de Córdoba. Pese a
que Sánchez Mesa en su tesis doctoral lo adscribe a José de Mora, Palomino lo
vincula más con la obra de Diego. Nuevamente, por cronología, se centra en una
etapa de madurez artística. Dada la cercanía de la localidad de Priego con la
de Alcaudete, y viendo la presencia del autor con otras imágenes atribuidas al
artista en la citada localidad, podemos encontrar nuevas referencias para
mantener esta atribución. Vemos de nuevo los rasgos morfológicos vistos en San
Juan de Dios con el rostro afilado y los ojos rasgados, manteniendo nuevamente la
boca entreabierta.
Figuras 5, 6 y 7: Detalle de los rostros de las imágenes de San Juan de Dios y San Francisco Solano en comparativa con el detalle del rostro de María Santísima de la Soledad. Fotografías: Isaac Palomino y Archivo del Autor.
Aunque
no podamos atribuir con certeza a la imagen, no podemos desmerecer la enorme
belleza y unción de este simulacro doloroso de María Santísima. Su policromía,
realizada al óleo, es nacarada con sutiles frescores de color en tonos carmesí
que dotan de vida al rostro de María. Las referencias dieciochescas se hacen
presentes en esta imagen, como se pueden observar, y el tratamiento escultórico
de la obra nos hace indudable que sea una obra granadina y, como hemos dejado
ver, adscribible al círculo de Diego de Mora.
BIBLIOGRAFÍA
[1]
Gallego y Burín, Antonio (1923): José de Mora. Granada: Universidad de
Granada.
[2]
Gómez Román, Ana María (2009): “Diego de Mora y su taller”. En Actas del I Congreso
Andaluz sobre Patrimonio Histórico, pp. 186-199.
[3]
Palomino Ruiz, Isaac (2017): Diego de Mora. Vida e influjo de un artista de
saga. Granada: Universidad de Granada.
[4]
Sánchez-Mesa Martín, Domingo (1971): Técnica de la escultura policromada granadina.
Granada: Universidad de Granada.


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