San Amador, Patrón de Martos (Jaén): Una iconografía que nace del pueblo

El culto y veneración a los mártires se asocia a la iconografía cristiana desde casi sus orígenes, encontrando una clara asociación con el contexto de las persecuciones de los cristianos que se dan en los tiempos del comienzo de la propagación de la fe. Junto a las Actas de los Mártires, que ya nos ponen de manifiesto la grandeza de la fe que escapa de toda razón y coloca a estos personajes de modo heroizante, todo lo que engloba a la iconografía martirial es un vivo testimonio del sentir de los fieles en tan singulares momentos de la historia del cristianismo.

Figura 1: Glorificación de San Amador, Patrón de Martos. Obra de Joaquín Marchal Órpez. 

Imagen: Archivo del autor. 

Este es el caso del Patrón de la localidad giennense de Martos, San Amador. Su presencia en la localidad es notoria desde mediados del siglo XVI cuando, en el barrio donde popularmente se cree que se encontró su casa natal, se erige la actual parroquia de San Amador y Santa Ana (antes de Santa Ana y San Amador). Es reconocido en numerosas referencias documentales como el “PRIMVS SANCTVS GIENNESIS MARTYROLOGII ROMANI”, puesto que consta como el primer santo oriundo de la actual diócesis de Jaén dentro del martirologio romano.

Son numerosos los mártires que se localizan como oriundos de la localidad o cercanos a la misma, como los que el mencionado Padre Bilchez expone en su capítulo XXV, donde menciona a algunos como Teodoro, Oceano, Juliano y Amiano, todos naturales de la ciudad de Martos y seguidores de San Marino, obispo de la localidad en el momento vital de estos personajes y que fueron martirizados en tiempos de Diocleciano, siendo condenados por el promotor Daciano.

Es reconocido como uno de los muchos mártires mozárabes en Córdoba. Estos, que originalmente no podían ser considerados como mártires porque la Iglesia condenó los martirios voluntarios previamente, son reconocidos como Santos al haber sido ejecutados por la defensa de su fe cristiana. Su martirio es relatado por San Eulogio de Córdoba y se data del año 855, más concretamente el 30 de abril. Curiosamente, San Amador en la ciudad de Martos no solo celebra su festividad, fechada en el 5 de mayo, sino que también la de su muerte el 30 de abril. 

Según conocemos por las referencias de San Eulogio, Amador de Tucci nace en la citada localidad, trasladándose posteriormente con su familia a Córdoba puesto que eran conscientes del florecimiento cultural de la ciudad. Sus padres eran cristianos y, aunque desconocemos sus nombres, si hay constancia de que tenía hermanos.  Amador comienza a estudiar y formarse, sintiéndose atraído por el servicio de la Iglesia, siendo ordenado sacerdote. Comenzará una vida sumida en la santidad y en la predicación de la palabra de Dios en un terreno dominado por el islam. 

Si bien, pese a encontrarse bajo el dominio del islam, continúa con sus predicaciones acompañado de dos amigos: Luis, hermano de San Pablo Diácono (también mártir) y familiar de San Eulogio; y Pedro, también conocido como “El monje” por su condición de clérigo. En una de estas predicaciones fueron sorprendidos por las hordas de Mohamed I, hijo de Abd al Rahman II, quien gobernaba la ciudad en aquel momento y fueron apresados; a la mayor brevedad, como era habitual en este tipo de casos, fue publicada su condena a muerte.

Los tres, con San Amador a la cabeza, jamás cejaron en su fe hasta el momento de la muerte. Amador fue degollado el último día del mes de abril a orillas del río Guadalquivir, siendo arrojado tanto su cuerpo como el de sus dos compañeros, al agua. Se encuentran los cuerpos de Luis y Pedro, estando el de Pedro enterrado en el Monasterio de Peñamelaria, y el de Luis en la Villa de Palma, nunca apareciendo el de San Amador, habiendo muchas disquisiciones acerca de la posible suerte que corriera su cuerpo.  

La tradición popular también nos cuenta el milagroso hecho de que San Amador, una vez degollado y arrojado al río, sigue predicando a los peces del río y dando gracias a Dios por el bien de su propia santidad. Esto será muy popularizado entre la población marteña sobre todo en el siglo XVIII, como bien consta en los diferentes testimonios que se conservan, aunque no hay una representación pictórica ni escultórica que, actualmente, nos venga a representar el citado hecho milagroso. 

Como bien se puede advertir al conocer la trayectoria vital de este santo, no se conservan reliquias del mismo ya que no se conservaron los restos de este santo personaje. Se desconoce, como bien hemos dicho previamente, el paradero de su cadáver, llegando en ocasiones a discutirse si bien desaparece realmente o su familia reclama el cadáver una vez conocen la noticia de su fallecimiento. En el momento en que se realizan este tipo de actos, la orden a efectuar con los cadáveres habitualmente era la de dejar que las bestias los devoraran, quemarlos o colgarlos bocabajo. 

En el siglo XVII será el mencionado Padre Francisco de Bilches quien nos hable de él, comentando sus hechos vitales y su predicación pública en contra del Corán. Indica que calza las sandalias del pescador Benedicto III; con este tipo de detalles también se muestra un claro afán de dar una fecha concreta, algo que comienza a interesar en estos momentos, más si cabe cuando se concibe ya una imagen concreta del Santo para que también presida la iglesia cuya titularidad comparte con Santa Ana en un mítico barrio como es el de la Cornacha o Coracha.

Curioso es también el hecho de que sea destacada la figura de San Amador frente a la de otros conocidos mártires locales. Uno de ellos, como bien menciona el Padre Bilches, es San Sisebado, Obispo de Tucci. La ciudad tuvo Diócesis propia hasta bien entrados los años centrales de la Edad Media, siendo este obispo el que presidía la cátedra cuando Tariq conquista la zona, siendo este martirizado en su cautiverio junto al Obispo de Baeza. Este no solo no tiene auge sino que es completamente olvidado. Su historia también será destacada por ser el que manda esconder a la “Virgen de la Peña” en el contexto del escondite y protección de las imágenes sagradas. 

Como bien hemos referido, es en esos años centrales del siglo XVII cuando se consagra de manera certera la imagen de San Amador como patrón de Martos y como un fuerte referente devocional junto a Santa Marta, también reconocida como patrona. Ambos serán representados en las numerosas representaciones artísticas desde el siglo XVII en adelante, siendo actualmente también un auténtico referente dentro de lo que es el ideario devocional marteño.

Será también curioso que la devoción al santo marteño se extiende fuera de sus fronteras con algunas representaciones. La más destacada será la que encontramos en la localidad de Cellamare, en la Apulia italiana. Esta nace de la difusión y llegada de unas reliquias a esta localidad, en estos momentos de difusión y reparto, reliquias de las que se discute su  auténtica pero que sirvieron para extender el foco devocional de este mártir. También en ocasiones, como veremos en algunas obras, se extiende por el fenómeno homónimo con el donante de la pieza.

Figura 2: San Amador, en los años ochenta del siglo XX, saliendo de la que se considera su casa natal. Imagen: Archivo de "MARTOS EN EL RECUERDO".

Como bien nos define el investigador Lorite Cruz en su estudio y análisis sobre la iconografía de San Amador, se nos presenta una imagen de un joven representado a temprana edad. Esto también es algo que se nos referencia, en especial en el caso de las mujeres mártires, como un símbolo de verdadera santidad puesto que, en ocasiones, la juventud era tomada como el tiempo de verdadera bondad y la vejez como un ejemplo de vida de pecado. 

Este mencionado joven se muestra vestido con los ornamentos propios del sacerdocio, hecho justificado porque este es ordenado sacerdote. Curiosamente, está vestido con estola cruzada y casulla de guitarra, encontrando en sus representaciones más antiguas la presencia del bonete y también del manípulo. Estos ornamentos, como es evidente, no forman parte de una visión historicista de la vida del santo, sino que responden a una visión de la iconografía del sacerdote propia del siglo XVIII, portando los elementos propios de un prelado contemporáneo a la representación.

Porta dentro de su iconografía una palma. Este es el símbolo del martirio por excelencia, siendo este heredero de una tradición que comienza con la propia Virgen María. Esto es porque, según consta en las diferentes fuentes, así como en las representaciones pictóricas, en el momento de la dormición de la Virgen es el propio San Miguel el que baja del cielo y entrega una palma profiláctica que Ella misma entrega a San Juan para que guíe el camino al sepulcro. Esto será tomado como referencia a la hora de reconocer a los santos mártires, siendo plenamente prodigado en las artes y que se asimila también con la corona de flores, elemento que se asocia con la gloria celestial. 

En el caso de San Amador, además, encontramos la representación del mártir en plena consagración durante el sacrificio de la misa. Esto es algo más común en las representaciones escultóricas, donde se nos viene a representar en un momento extático en plena consagración de las especies (normalmente el vino, con la presencia del cáliz), aunque también lo encontraremos presente en algunas representaciones pictóricas como veremos a continuación. 

Otro elemento a destacar como curiosidad dentro de las diferentes representaciones de este santo mártir es que, pese a haber sido degollado, no se muestra con la cabeza bajo el brazo o en las manos, como vemos en otras representaciones hagiográficas, sino que toma una iconografía más común como puede ser la de San Pantaleón. Muestra en muchas ocasiones la propia marca en el cuello de su martirio, pero no es representado como tal. 

En cuanto a lo que son los ornamentos que presenta, también cabe reseñar que todos son de color escarlata. Este en la liturgia se encuentra reservado hacia los mártires, así como también es utilizado como color para la mortaja desde cualquier sacerdote hasta el Papa. Esto quedará enfatizado, más si cabe, cuando en el caso de la escultura contemplamos a la propia imagen de San Amador en el centro de la Eucaristía, casi presidiendo con el resto de sacerdotes, lo que lo hacen unirse y mezclarse con el propio clero y crear una imagen inusual del mismo. 

El modelo iconográfico de San Amador de Tucci quedará tan asentado dentro del área local que, una vez difundido, será también imitado por algunas poblaciones cercanas a esta a la hora de representar a sus santos mártires. En esa casuística encontramos a San Rodrigo, patrón de Cabra, quien sigue la misma iconografía y estética visual que contemplamos en el patrón de Martos y que se perpetúa en el tiempo, suponiendo este así el inicio de una serie de referencias iconográficas en la zona de la sierra sur de Jaén y parte de la Subbética cordobesa. 

Una de esas primeras referencias en cuanto a lo pictórico la encontramos en el programa pictórico que Antonio García Reinoso realiza para la Capilla de Jesús Nazareno de la Real Parroquia de Santa Marta. Estas se realizan entre 1660 y 1679, encontrando la representación de San Amador en uno de los lunetos del lado de la epístola , haciendo juego con una representación de San Fernando Rey.

Figura 3: San Amador, Patrón de Martos. Obra de Antonio García Reinoso en 1665 (aprox.) para la Capilla de Jesús en la Real Parroquia de Santa Marta. Imagen: Archivo del Autor.

Se nos muestra en primer plano al Santo mártir, de rodillas, disponiéndose sobre una base de nubes como queriendo mostrarse sobre un rompimiento de gloria. Dispone su mano derecha sobre el pecho, en actitud solemne, mientras que con la izquierda acoge la palma de martirio, esbelta en su concepción. Porta también los ornamentos propios del sacerdote en el siglo XVII, como es una larga sotana con su roquete blanco, con puños ceñidos en las muñecas. 

Porta en la mano izquierda el manípulo, de color escarlata, estando vestido con casulla larga de tono escarlata con interesantes bordados que nos retrotraen a piezas propias del bordado litúrgico del siglo XVII, como las que se conservan en algunos grandes tesoros. Se puede advertir también la presencia de la estola cruzada, que asoma por uno de los lados de la casulla y que forma también parte de ese conjunto de ornamentos propios del atavío del sacerdote para el sacrificio de la misa.

Es curioso también el observar la representación del rostro del santo. Se nos muestra con la apariencia típica masculina del momento, con la perilla y el bigote, algo muy habitual en la retratística del barroco y que era parte de la moda cortesana, como podemos advertir tanto en numerosos ejemplos escultóricos y pictóricos. Es otro modelo más de como se colocan en este tipo de representaciones toda una suerte de anacronismos que nos crean una estampa singular de esta.

También del siglo XVII es la obra pictórica que encontramos en la sacristía de la Iglesia del Salvador y Santo Domingo de Silos de Córdoba. Esta pieza, localizada en la sacristía del citado templo, nos muestra a San Amador en actitud orante, junto a una pequeña ménsula donde se apoya un pergamino y habiendo en la zona superior un rompimiento de gloria que se encuentra observando y del que emana la luz que ilumina la escena con las palabras “AMATOR HVMANE SALVTIS”. En la ménsula, se encuentra un libro sagrado y el bonete, lo que nos indica que se encuentra preparándose para la celebración de la eucaristía.

Figura 4: San Amador, Patrón de Martos. Obra del siglo XVII de autoría anónima, procedente de la Sacristía de la Iglesia de la Compañía de Córdoba. Imagen: Cándido Villar Castro.

El pergamino que pende de la citada ménsula nos viene a describir la vida y procedencia del citado mártir, quien se muestra vestido nuevamente con los ornamentos propios del sacerdote, destacando también la presencia en la zona posterior de una ciudad que, por el mal estado de la pieza, no se distingue adecuadamente. Podemos decir también que esta obra es de la primera mitad de siglo puesto que se nos muestra al Santo de manera más idealizada y arcaizante, acercándose más a los modelos propios del manierismo pictórico. 

El siglo XVIII es la época de mayor esplendor de este tipo de representaciones y esta no queda atrás. No solo será difundida con obras pictóricas o escultóricas, sino que el grabado también hace presencia en el panorama devocional en estampas que eran repartidas. Así encontramos este curioso grabado de 1778, mandado hacer por la familia de los Escobedo, una familia importante en la ciudad de Martos y que dotó a numerosas hermandades y cofradías de la localidad.

Figura 5: Grabado de San Amador, Patrón de Martos. Obra de 1778. Imagen: Cofradía de San Amador.

Se nos expone al Santo mártir revestido de sacerdote y en actitud orante, portando el bonete y sosteniendo la palma de martirio. A su alrededor, vemos una serie de edificios que podrían corresponderse con el propio templo local y con algunos grandes templos, como podrían ser las grandes iglesias romanas puesto que también es en esta época donde se acogen a las grandes basílicas de Roma para pedir indulgencias. Todo se encuentra enmarcado por una serie de motivos de estilo dieciochesco y una gran cartela que expone lo que contemplamos y el donante. 

Otro de esos ejemplos que traemos a colación de las representaciones pictóricas del patrón de Martos es la interesante pintura que encontramos en el Convento de las Carmelitas de la ciudad de Badajoz. Esta se encuentra en el presbiterio del templo, junto a las rejas del coro bajo, siendo una obra sobre lienzo que se encuentra adosado al muro y formando parte de la decoración del paramento mural. Este fue donado en torno al año 1730 por el Obispo de Badajoz, D. Amador Merino Malaguilla, gran benefactor del convento y que lo dona por ser homónimo su nombre al del Santo mártir.

Figura 6: Martirio de San Amador. Obra del siglo XVIII ubicada en la Iglesia Conventual de las Carmelitas de Badajoz. Imagen: Archivo del Autor.

Es interesante por ser hasta el momento la única representación anterior a los acontecimientos de la Guerra Civil que se conserva en cuanto al martirio del Santo. Desconocemos su autoría, aunque muchos quieren ver, como el marteño Joaquín Marchal, muestras de la estela de Valdés Leal dentro de sus características formales. Vemos como se nos muestra, en una composición casi diagonal, el momento en que San Amador va a ser degollado por sus verdugos, quienes se encuentran en actitudes dispares como son la de herirlo en el pecho con una lanza y proceder a cortarle el cuello con el alfanje. El santo, vestido con largo roquete y estola roja, porta la cruz en sus manos elevándola al cielo, queriendo implorar la piedad de Dios. Será en el cielo donde encontremos, nuevamente, un rompimiento de gloria donde los ángeles parecen proceder a coronar a Amador con una corona de flores y a entregarle la palma, símbolos del martirio y la victoria de la fe.

Si observamos bien la pieza, podremos advertir también que la composición que se busca imitar aquí es la de los grandes cuadros martiriales como el conocido “Martirio de San Esteban” de la iglesia homónima de Salamanca, obra de Claudio Coello, y que tiene la misma composición como base, siendo modificada y simplificada en la obra que nos ocupa.

Del siglo XIX encontramos otra singular pieza que nos trae al ámbito de lo pictórico una imagen escultórica como es el retrato que realiza el artista Gaetano Valerio de la imagen de San Amador venerada como patrón de Cellamare. Una inscripción en su parte inferior, como bien nos indica Marchal, nos refiere a que la obra podría fecharse en la citada centuria, pese a que el estilo se acerca más a las obras del siglo XX. Fue donado por el alcalde de la ciudad a la iglesia en 1980.

Figura 7: San Amador de Cellamare (Italia). Obra anónima del siglo XIX. Imagen: Miguel Ángel Cruz Villalobos.

Vemos como llega también a Nápoles, posiblemente influida por el grabado visto previamente o por otras representaciones que circularon por la zona, la iconografía habitual del Santo que porta sotana y roquete y una larga estola roja bordada, llevando el bonete y en su mano izquierda la cruz con la palma de martirio, símbolos inequívocos de su iconografía y que también son portados por la imagen escultórica que procesiona en esta ciudad de la Apulia italiana. 

Como modelo de referencia en cuanto a las representaciones actuales del mártir tuccitano tenemos que mencionar el prodigioso tríptico, a la usanza de los tradicionales cuadros de altar italianos, que en los albores de los 2000 realiza el artista marteño Joaquín Marchal Órpez y que se encuentra en la Parroquia de San Amador y Santa Ana de la localidad. Con él hemos iniciado este artículo. Es una obra de gran tamaño que se dispone en el presbiterio del templo, en el lado de la Epístola. 

Se nos representa, en el centro, la glorificación de San Amador que se encuentra en el centro de un rompimiento de gloria coronado por ángeles que portan la corona de flores y la palma, mostrando así nuevamente los emblemas del martirio, encontrando a ambos lados la representación de sus dos compañeros mártires, San Luis y San Pedro el Monje, mostrados así dentro de lo que es su propia glorificación y memoria. A la izquierda se nos muestra, en paisaje agreste, al santo en su juventud predicando en los campos rodeado de humildad y sencillez, como hubo de encontrarse en vida. A su derecha, el momento de su martirio donde, suplicante, eleva su mirada al cielo mientras el verdugo blande el alfanje para decapitarlo, teniendo el paisaje cordobés de fondo.

Es, quizá, de las pocas muestras que encontramos sobre la vida del santo mártir de una manera más veraz e historicista, donde se nos muestra todo con ropajes y una exactitud clara en cuanto al tiempo en que se encuentra ubicada la escena, salvo en la pieza central donde si se nos muestra al propio santo revestido de sacerdote con los atributos que hemos contemplado en las obras anteriores. En este caso, se nos representa a San Amador con rostro afilado y suave, propio de la plástica del autor marteño junto a los tonos marrones propios del cromatismo de sus obras. 


BIBLIOGRAFÍA:

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  • Marchal Órpez, Joaquín (2005): “Representación de San Amador en una pintura sobre lienzo en Cellamare”. En Mi Patrón, , pp. 160.

  • López Melero, David (2017): “Sobre Amador de Tucci (855 d.C.)”. En Nazareno, nº 17, pp. 113-114. 

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  • Lorite Cruz, Pablo Jesús (2011): “De la conocida iconografía de Santa Marta a la desconocida de San Amador, ejemplos estandarizados de la colectividad de Martos”. En Aldaba, nº 31, pp. 25-31.

  • Lorite Cruz, Pablo Jesús (2011): “Los modelos iconográficos de las santas mártires, una lectura de la mujer libre”. En III Congreso Virtual sobre historia de las mujeres, pp. 37-53.

Cafferata, María Sara (2017): “La iconografía de los santos mártires en la Antigüedad tardía”. En II Congreso Internacional de Estudios Patrísticos, pp. 1-14. 

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