RETABLO DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA - Iglesia Conventual de San Francisco de Priego de Córdoba (Córdoba)
Prosiguiendo con la línea temática iniciada la semana pasada, vemos ahora el segundo de los retablos que podemos contemplar en el lado de la epístola de la Iglesia de San Francisco de Priego de Córdoba, una auténtica joya que, como comentamos la semana pasada, alberga numerosas obras artísticas de primer nivel y que traemos al lector que nos visita para su deleite.
El segundo de estos retablos está dedicado a San Pedro de Alcántara. Es el primero que encontramos y se encuentra, prácticamente, inserto en el presbiterio. Según Peláez del Rosal, es una obra documentada hacia 1720 a Jerónimo Sánchez de Rueda. El citado autor se encontraba trabajando ya en el mismo templo en esas fechas, ubicándose en la localidad prieguense desde 1699. Ya trabajaría en algunos de los retablos de la Iglesia de los Alcantarinos – actualmente de San Pedro – adjudicándose a su mano la realización del camarín del retablo mayor del templo en que nos encontramos.
Destaca este retablo por una clara exuberancia decorativa. Aunque vemos como el perímetro exterior del retablo se adapta perfectamente al marco del arco de medio punto en que se ubica este, el camarín donde está la imagen titular del retablo desdibuja su contorno completamente. La rocalla toma fuerza como principal motivo decorativo, alternándose con guirnaldas y otros elementos que le confieren un sinuoso e irregular perfil. Todo el interior se encuentra decorado con rocallas talladas que, si bien, recuerdan a las que vemos en el camarín del retablo mayor y que evidencian la teoría comentada previamente. Confieren estas un perfil “llameante” en palabras de Raya, quien también evidencia en el análisis estilístico la pérdida y desdibujado del estípite como elemento arquitectónico.
A ambos lados del camarín central encontramos pequeñas tallas de monjas clarisas, que pueden adscribirse a las figuras de Santa Inés y Santa Clara, siendo los dos relieves representaciones de San Juan de Cetina y San Pedro de Dueñas, frailes procedentes de ese primitivo convento del monte y que fueron martirizados en la Granada nazarí. En el banco queda una hornacina con una imagen del niño Jesús que se puede enmarcar cronológicamente en el siglo XVIII. Pese a que Peláez nos lo presenta como un Buen Pastor – que, teóricamente, gozó de Cofradía propia en el siglo XVIII, sus referencias estilísticas y formales atienden a un niño pasionista.
La imagen que preside el retablo, San Pedro de Alcántara, es de talla completa. Presenta una curiosa disposición, sosteniendo la cruz horizontal y frente a sí, sosteniéndola con la mano izquierda y la derecha, más abierta, en actitud dialogante. El estatismo y el rictus del rostro nos evidencian que se trata de una imagen anterior al retablo, posiblemente de mediados del siglo XVII. Por desgracia, se encuentra en un lamentable estado de conservación, por lo que se requiere, a bien, una completa restauración de la pieza al igual que se hizo con la talla de San Francisco.
BIBLIOGRAFÍA:
[1] Peláez del Rosal, Manuel (1996): “Estudio histórico-artístico de la Iglesia Conventual de San Francisco de Priego de Córdoba (1510-1995)”. En Actas del II Congreso de Franciscanismo Andaluz, nº 2, pp. 157-225.
[2] Raya Raya, Mª Ángeles (1987): El retablo barroco cordobés. Córdoba: Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba.
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