"... Y la Soledad caminó sola" - Sobre la primera salida en solitario de la Virgen de la Soledad de Martos
A la memoria de D. Miguel Ángel Cruz Villalobos, gran cofrade y amigo
Al caer la noche del Viernes Santo, y llegado el final de la jornada, los cofrades marteños se agolpan en la portada barroca del Monasterio de la Santísima Trinidad para contemplar la salida procesional de una de las más señeras hermandades de la localidad: la Soledad. Una vez pasa el cortejo del Entierro de Cristo, y en absoluto silencio, solo roto por el destemplado tambor que recorre sus filas, se dispone a salir la Santísima Virgen sobre sencillas andas para recorrer, en la penumbra de la noche, las calles tuccitanas. Solo es la luz de la cera la que puede rozar, con su tenue brillo, la tez de María Santísima.
Se nos puede hacer extraño, a primera vista, el título de este artículo. No observamos a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad en nuestro ideario procesionando de otra manera que no sea sola, rozando la medianoche y sin más acompañamiento que el de los fieles que, atónitos, observan su pausado caminar por las angostas calles del casco antiguo. Sin embargo, ¿ha sido históricamente así? Vamos a observar como ese momento se produce en el siglo XIX en un contexto un tanto conflictivo a la par que activo en el ámbito cofrade. Si bien, realizaremos previamente unas pinceladas sobre la historia de esta Cofradía del Viernes Santo marteño.
Bien es conocida ya la fundación original de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad gracias a los estudios realizados por el investigador marteño Manuel López Molina, quien la asocia al último tercio del siglo XVI en relación a la llegada de los padres franciscanos a la localidad en 1573 y la construcción del cenobio. Una corporación que gozó de notoria prosperidad económica en la primera mitad del siglo XVII, momento en el que consta la donación a la misma de grandes aranzadas de tierra y enseres de cara al cortejo procesional [1]. Según López Molina, se podría datar la fundación de la corporación “a principios del decenio de 1580”, realizando su salida procesional en dos ocasiones: en la tarde-noche del Viernes Santo y, de modo general, el Domingo de Resurrección.
El cortejo lo componían numerosas imágenes: San Juan, San José, el Niño Perdido, Cristo Crucificado y Cristo Resucitado junto a la imagen de la Virgen Dolorosa y Santa María Magdalena. Excepto las dos últimas mencionadas conocemos que los autores de las tallas eran Cristóbal Téllez y Pedro de Orea [2], artistas giennenses de la escuela manierista del último tercio del siglo XVI que poseen numerosas obras repartidas por la provincia. Los hermanos pertenecientes a la Cofradía tenían una serie de obligaciones, siendo la más destacada la de asistir todos en corporación a cada uno de los sepelios tanto de los propios cofrades como de los integrantes del convento franciscano, una práctica muy extendida en las hermandades existentes en la ciudad.
Asimismo, tenían Fiesta y Sermón del Niño Perdido, ceremoniero del Descendimiento de Cristo (posiblemente con la imagen del crucificado, a la sazón articulado) y fiesta de la Pascua de Resurrección, para las que constan gastos de cera en los diferentes inventarios encontrados [3]. Sin embargo, al igual que ocurriera con el grueso de las hermandades marteñas, en los tiempos de epidemia y decadencia que supusieron la segunda mitad del siglo XVII y la centuria posterior, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad decayó gravemente. Fue esta caída hasta tal punto que no localizamos en el Catastro del Marqués de la Ensenada ningún terreno a nombre de la Hermandad, hecho que si se encuentra en 1630 [4].
El golpe de gracia llegaría con la Desamortización de Mendizábal en torno a 1835; este fue gravemente sufrido por el monasterio franciscano y, por consiguiente, por la Hermandad. Precisamente, en esos años será cuando se declare “extinta”, tal como relata la documentación existente. No será hasta 1883, tal como dictan las nuevas Constituciones de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, encontradas en el Archivo Diocesano de Jaén, cuando veamos la nueva refundación de esta corporación que será la que se mantenga hasta los sucesos de la Guerra Civil Española. En ese mismo año, consta un “asunto” en los expedientes diocesanos entre la Cofradía “de Jesús y María” y los cofrades de la Soledad. En el mismo, se manifiesta “si la cofradía de la Soledad extinguida en el año 1835 tenía constituciones, si esta era la que acompaña en el Santo Entierro la imagen de Nuestra Señora y, en el caso de hacerlo, eran los cofrades de Jesús y María los que los acompañan” [5].
Aquí observamos el primero de los conflictos existentes en esta etapa. En la procesión del Entierro, organizada por la Cofradía de Jesús y María, sale la imagen de la Virgen que, según el asunto anterior, no se sabe bien si la portan los cofrades de la extinta hermandad de la Soledad o son los propios de Jesús con la colaboración de los citados. Se trata de una cuestión interesante dado que esta situación se daría con otras pequeñas corporaciones que serían absorbidas por esta de Jesús, saliendo portadas por sus cofrades en la procesión general del Viernes Santo. Llegado este momento, analizamos esa primera salida de la Virgen de la Soledad “sola”. En el mismo Archivo Diocesano, junto a los legajos pertenecientes a estas nuevas constituciones, se ha localizado una solicitud que el Párroco de Santa María de la Villa realiza al Obispo de Jaén en el año 1882. La realiza este dado que, tras la Desamortización y algunas intervenciones posteriores, gran parte del patrimonio del Convento de San Francisco y su propia jurisdicción se trasladan a la citada parroquia, encargada de albergar gran parte de los documentos originales de la corporación como su adhesión a la Hermandad de Cristo Crucificado de San Marcelo de Roma. En ella, el mismo solicita al Obispo lo siguiente: “Habiendo conseguido que los hermanos de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad de la Iglesia de San Francisco, cuyas constituciones no están aún aprobadas […] insistan en su deseo de salir en la procesión del Santo Entierro, evitando así el conflicto que pudiera haber con la Cofradía de Jesús y María […] se sirva usted de autorizar que realice con los citados hermanos una procesión de la Soledad en la cual no haya oposición ni conflicto por parte de ninguna cofradía” [6]. De esta solicitud hemos de obtener las siguientes características:
- En primer lugar, destacar el hecho de que se hable de una corporación aún sin consolidar; esto es, sin estatutos. Esto es dado que, como hemos comentado previamente, se aprobarán un año más tarde, hecho corroborado con los legajos existentes con fecha del 26 de enero [7].
- Por otra parte, el detalle de que, como hemos hablado, la Cofradía “de Jesús y María” es la encargada de la coordinación de la procesión general (que, históricamente, viene a ser la del Santo Entierro al encontrarse en ella la representación de todas las autoridades civiles y eclesiásticas). Se desea evitar un conflicto puesto que, por lo que se demuestra, los cofrades de esta incipiente hermandad han querido colaborar en la procesión y participar en ella, lo que ha podido crear el consiguiente altercado con la Cofradía citada. Dado que esta era la más potente económicamente, este tipo de asuntos no eran de interés del clero, por lo que habrían de atajarse de inmediato. Junto a esta misma solicitud viene la propia respuesta del Obispo.
Este ve de buen agrado la petición del párroco de Santa María “siempre que lo acepten las autoridades civiles y eclesiásticas”. Solo impone que esta misiva es bienvenida “por este año y sin perjuicio de lo que se resuelva posteriormente” [8], en referencia a la posterior aprobación de los estatutos de la citada Cofradía. Por ello, bien podríamos hablar que, desde este momento, la Santísima Virgen de la Soledad procesiona “sola” por las calles de Martos, independiente a la organización de la procesión del Entierro. Hablamos de independencia en cuanto a la organización dado que no tenemos datos certeros de que el cortejo procesional saliera a las calles de manera totalmente independiente o, simplemente, acababan cerrando el cortejo del Entierro pero organizado desde el seno de la propia corporación.
Esto, próximamente, será objeto de estudio de cara a poder esclarecer estos hechos y dar pie a publicaciones posteriores. Volviendo a los citados estatutos, aprobados en 1884 por el Sr. Obispo de Jaén (tal como dicta en el decreto y certificación de los mismos), vemos como ya se encuentra manifestada la Procesión del Viernes Santo como culto principal a Nuestra Señora de la Soledad. Este se da junto a una misa privada con comunión de los hermanos el Lunes Santo a las 8 y media de la mañana como preparación a la salida procesional [9].
Se mantiene, eso sí, la asistencia a los sepelios de los cofrades, que también tienen obligación de aportar donativos para la cera y culto. La Cofradía de la Soledad permanecerá en el cenobio franciscano hasta, como hemos mencionado, los tristes sucesos de la Guerra Civil Española, donde perderá prácticamente todo su patrimonio. En cuanto a piezas artísticas si nos queda como vestigio un fastuoso terno bordado con piedras de azabache sobre soporte negro, que supone una de las pocas joyas textiles que se conservan en Martos de ese esplendor patrimonial vivido en el pasado y que, por motivos de mantenimiento, la imagen actual solo luce en ocasiones especiales. Si bien, pese a encontrarse actualmente en el Monasterio de la Santísima Trinidad, hay algo que perdura en el tiempo: su carisma franciscano. Tras su refundación en los años ochenta de la pasada centuria, fue de los primeros elementos en recuperar por sus cofrades: el carisma y el título de “Seráfica Cofradía”, distintivo que llevan a gala y que promueven entre todos los que se acercan ante esta señera cofradía que, junto a la Santa Vera+Cruz, suponen las más antiguas de las que se encuentran en la localidad marteña.
[1] VV.AA. (2006): “Seráfica Cofradía de María Santísima de la Soledad" (1980-2005). En Nazareno, n.º 6, pp. 159-161.
[2] López Molina, Manuel (1996): Historia de la Villa de Martos en el siglo XVI. Jaén: Universidad de Jaén.
[3] López Molina, Manuel (2002): De la vieja historia marteña. Jaén: Diputación Provincial de Jaén.
[4] VV.AA. (2006): “Seráfica Cofradía de María Santísima de la Soledad" (1980-2005). En Nazareno, n.º 6, pp. 161-163.
[5] López Molina, Manuel (1995): Apuntes Históricos de Martos: siglos XVI y XVII. Jaén: Caja de Jaén.
[6] Archivo Histórico Diocesano de Jaén. Caja 2. Leg. 34, Fol. 1.
[7] A.H.D.J. Caja 2. Leg. 33, Fols. 1-17.
[8] A.H.D.J. Caja 2. Leg. 34, Fol. 1. [9] A.H.D.J. Caja 2. Leg. 33, Fol. 18



Comentarios
Publicar un comentario